Viene un Gran Enfriamiento Global, probablemente

La expresión “cambio climático” refleja una realidad indudable: el clima no es, no ha sido, ni será nunca estable. Los estudios geológicos muestran que los últimos diez mil años han sido sorprendentemente suaves climáticamente respecto a lo “normal”.

El concepto de “efecto invernadero“, sin embargo, carece de valor científico. El trabajo de Gerhard Gerlich, del Instituto de Física Matemática, de Alemania, y Ralf D. Tscheuschner, Falseamiento del Efecto Invernadero del CO2 Dentro del Marco de la Física, se extiende sobre los sinsentidos del citado efecto. Ya en su resumen inicial escriben:“[el efecto invernadero] esencialmente describe un mecanismo ficticio, en el cual la atmósfera planetaria actúa como una bomba de calor conducida por el entorno, con el cual está radiativamente interactuando, pero que está radiativamente equilibrado con el sistema atmosférico. Conforme a la segunda ley de la Termodinámica tal máquina planetaria jamás puede existir”. Y en su página 15 : “La sección 3 está dedicada al efecto invernadero atmosférico. Se muestra que este efecto no tiene fundamentos experimental ni teórico, y debe ser considerado ficticio. La afirmación de que las emisiones de CO2 conducen a un cambio climático antropogénico no tiene base en la Física”. Además de los razonamientos teóricos descartando el mencionado efecto, describen distintos experimentos que refutan su existencia.

No es objeto de esta entrada discutir su existencia, sin embargo es bueno dejar esta opinión por delante para comprender lo subsiguiente. Lo mismo que la de estos casi setecientos firmantes ante el Senado de EEUU, o estos tres científicos japoneses; también  166 firmantes contra la reunión de Copenague, o los firmantes contra la reunión de Bali, reuniones puramente políticas sin peso ni representación científica, algunos de cuyos firmantes han alardeado de su ignorancia científica firmando, con gran voluntad ecológica, contra la producción y distribución del peligroso dihidruro de oxígeno (H2O).

El pasado mes de enero, el MET Office, servicio meteorológico inglés, y el Climatic Research Unit (CRU), de la Universidad de East Anglia, de Inglaterra,han reconocido, por fin, basándose en datos de más de 30.000 observatorios meteorológicos, que el clima no se calienta desde hace 15 años, más aún parece enfriarse, incluso algún año muy brúscamente.

Lo han reconocido sin demasiada fanfarria. No es dificil imaginar el motivo. Según el Dr Nicola Scafetta, de la Universidada de Carolina del Norte, de EEUU, siendo válido el modelo climático del Met Office, apoyado en el “efecto invernadero”,  debería haber habido “un sostenido calentamiento desde 2000 hasta hoy” y, añade, “si las temperaturas continuan manteniéndose planas o comienzan a enfriar de nuevo, la divergencia entre los modelos y los datos registrados llegará eventualmente a ser tan grande que la comunidad científica completa cuestionará las teorías actuales [del Met]“.  En cuanto al CRU, se ha visto envuelto en los últimos años en dos sucesivas oleadas de escándalos, “climagate” 1 y 2, al filtrarse escandalosos correos electrónicos entre sus miembros, así como datos y programas manipulados: reconociendo en privado que las temperaturas no se calentaban pero en público afirmando lo contrario, manipulando datos para “respaldar” sus modelos, falsos programas informáticos que simplemente presentaban lo deseado por su autor, destrucción de datos y correos, presiones a la resvistas científicas para censurar a quienes descalificaban sus modelos, y hasta correos electrónicos festejando la muerte de un investigador contrario a sus tesis.

 En palabras de Benny Peiser, director del Global Warming Policy Foundation, “estamos bien dentro de la segunda década de la pausa [sin calentamiento]. Si no vemos evidencia convincente de calentamiento global hacia 2015, comenzará a estar claro si los modelos son tonterías. Y, si lo son, las implicaciones para algunos científicos podrían ser muy serias.” Ciertamente, las filtraciones sobre las manipulaciones del CRU llegaron al Parlamento de Inglaterra, donde un lord se permitió llamarles “cañallas”, y podrían incluso incurrir en delito al haber violado la ley de transparencia por ser un centro sostenido con fondos públicos.

Los creyentes del “efecto invernadero” están llegando al punto de no poder defenderlo much más, porque según otros investigadores se avecina, con gran probabilidad, justo lo contrario: una pequeña edad de hielo.

Año 2008

En 2008, Phil Chapman, geofísico de la NASA, y astronauta, escribía un artículo titulado “Siento arruinar la diversión, comienza una edad de hielo“. Por un lado, se mostraba alarmado por la caída de temperaturas registrada en 2007, de 0’7ºC, nevadas en Bagdag por primera vez en siglos, o la mayor extensión de hielo ártico registrada desde 1770.

Por otro, su verdadera preocupación era el Sol. Concretamente, a siguiente imagen sin manchas solares, comparada con una más normal:

Explica en ese artículo la existencia de fuerte correlación entre las variaciones en el número de manchas solares y el clima terrestre. Los ciclos solares suelen durar unos 11 años, aunque se producen mínimos de gran duración.

El último mínimo de gran duración es el denominado “Mínimo Dalton”, que duró unos 70 años, desde 1790. Coincidió con inviernos feroces como el sufrido por el ejército de Napoleón en 1812 en su camino hacia Moscú. Ese mínimo se produjo durante la llamada “Pequeña Edad de Hielo” duró desde, aproximadamente, el año 1100 hasta 1850.

 

Ciclos de manchas solares

 

  Advierte, en su artículo, “no hay duda, la siguiente pequeña edad de hielo será mucho peor que la previa” y, por si fuera poco, será mucho más dañina porque “hay mucha más población ahora y nos hemos vuelto dependientes de unas pocas areas con temperaturas agrícolas… Millones morirán de hambre si no hacemos nada para prepararnos (tal como planear cambios agrícolas para compensar), y millones morirán enfermedades causadas por el frío” .

Chapman va más allá en su alerta: “hay también otra posibilidad, remota pero más seria”.

“Los núcleos de hielo de Groenlandia y de la Antártida, y otras evidencias, nos muestran que durante los últimos varios millones de años, severas glaciaciones casi siempre han afligido a nuestro planeta “.

“La desapacible realidad es que, bajo condiciones normales, la mayor parte de América del Norte y de Europa están bajo 1’5km de hielo. Este amargamente frígido clima se interrumpe ocasionalmente por breves calentamientos interglaciares, durando típicamente menos de 10.000 años”

“El interglacial que hemos disfrutado durante la historia humana registrada, llamado Holeoceno, comenzó hace 11.000 años, por tanto el hielo se está retrasando. Las glaciaciones, sabemos también, pueden ocurrir rápidamente: el descenso de temperatura requerido es de unos 12ºC y puede ocurrir en 20 años”.

Siendo eso así, la actual civilización humana se ha desarrollado gracias a la suerte de estos últimos once siglos de calentamiento interglacial. Ojalá tuvieran razón los calentólogos, porque el mayor riesgo existencial humano es el hielo.

¿Qué más nos dice?

“El siguiente descenso hacia una edad de hielo [no pequeña, sino glaciación] es inevitable pero puede no ocurrir en otros 1000 años. Por otra parte, debe señalarse que el enfriamiento de 2007 fue incluso más rápido del típico en transiciones interglaciales.”.

Su apuesta es por un 50% de probabilidades de sufrir un significativo enfrianmiento durante las próximas décadas, y 1 probabilidad entre 500 de presenciar el comienzo de una glaciación.

Termina el artículo, dirigiéndose a los calentólogos, citanto a Oliver Cronwell: “les imploro, por las entrañas de Cristo, consideren posible estar equivocados”.

Año 2012

Estamos en 2012, cinco años después. Esto no pinta mejor.

1684, Londres. El Támesis congelado.

El pasado 29 de enero, publicaron en Inglaterra los citado datos del Met y del CRU.

En la prense inglesa se publicaron artículos como “Olivide el calentamiento global. Debemos preocuparnos del ciclo 25 (y si la NASA acierta, el Támesis volverá a congelarse)“, del MailOnline:

“destacados científicos del clima declararon ayer al The Mail on Sunday que, tras emitir inusuales cantidades de energía durante el siglo XX, el Sol se encamina ahora hacia un “gran mínimo” en su emisión, amenazando con fríos veranos, rudos inviernos y cortas estaciones disponibles para la producción alimenticia”.

E incluye predicciones de la NASA:

“Análisis de expertos de la NASA y de la Universidad de Arizona – derivados de medidas del campo magnético a 120.000 millas [192.000 km] sobre la superficie del Sol – sugieren que el Ciclo 25, cuyo pico se espera en 2022, será en gran medida también débil“.

Es decir, esperan que incluso sea débil el máximo de emisión energética del ciclo. Y el optimismo no puede ser mucho:

“De acuerdo con el documento publicado la pasada semana por el Met Office, hay un 90% de probabilidades de que tanto el Ciclo 25 como aquellos de la siguientes décadas sean tan o más débiles que el Mínimo Dalton de 1790 a 1830”

“Sin embargo, es también posible que el nuevo declive en actividad solar sea tan profundo como el Mínimo Maunder…”.

400 años de observaciones de las manchas solares

Pues ese mínimo fue muy débil, según se ve en el gráfico anterior.

Entre  1645 y 1715, durante el más frío período de la “Pequeña Edad de Hielo”, tanto el Támesis como los canales holandeses se congelaban.

El Met Office aún guarda esperanzas de salvar sus modelos invernaderos. Aseguran que este mínimo no podrá con el efecto invernadero. Además de la inexistencia de ese efecto, es fácil objetarles una profunda contradicción en afirmar su existencia y al mismo tiempo pensar que puede contrarestar a la disminución de emisiones solares cuando son éstas las únicas emisiones de radiación que podría el CO2 “atrapar”.
 
 
A la vista de este último gráfico, en el cual se observa un muy largo mínimo, ya le han respondido.
 Henrik Svensmark, director del Centro para la Investigación del Clima Solar, de Instituto Nacional Espacial de Dinamarca, afirma: “las temperaturas mundiales mucho más frías que las actuales por 50 o más años. Llevará una larga batalla convencer a ciertos científicos del clima de la importancia del Sol. Puede muy bien ocurrir que el Sol lo vaya a demostrar por sí mismo, sin necesidad de ayuda.”
El Met Office, añade Svensmark, se basa en modelos computacionales minados por la actual fase de no calentamiento global. Los niveles de CO2 han continuado aumentando sin interrupción, y en 2007, el Met Office proclamaba que el calentamiento global estaba a punto de “volver a rugir”. Proclamaban que de 2009 a 2014 se rompería el máximos de temperaturas de 1998, y por el momento no hay signos de estar ocurriendo.
“El asunto real es si el modelo en sí mismo es preciso”, afirma Scafetta, ya mencionado antes, y dice encontrar dificil de entender la confiada predicción del negligible impacto del Sol. Una profesora, Curry, afirma “lo responsable es aceptar el hecho de que los modelos pueden tener severos deficiencias referidas a la influencia del Sol” y, además, sobre la larga pausa de 15 años en el calentamiento, afirma, muchos científicos “no están sorprendidos”.
Según Pal Brekke, del Centro Noruego del Espacio, “la naturaleza está a punto de realizar un experimento interesante. Dentro de diez o 15 años podremos determinar mucho mejor si el calentamiento del último siglo XX fue realmente causado por el CO2 producido por el hombre, por natural variabilidad “.
 
Como ya vimos, Benny Peiser dará por terminado ese mismo experimento en 2015.  ¿El problema del experimento? Los conejos de indias somos los humanos.
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